Un juego simple y mágico
Llueve un sábado gris de febrero, y el viento hace entrar por la ventana el sonido hueco de un cubilete detenido en el aire. Adivino o sé: unos dados se agitan en su interior. El sonido inconfundible que viaja por los recovecos instantáneos del recuerdo para decir en voz alta y sin pensar " ¡Generala! " como un canto, y ganar premios. Ser niña otra vez en una vacación menemista del Brasil, rodedada de hermanos, y de mar, inmensa y pequeña en el recuerdo. La mente sinuosa que otra vez no elige en qué pensar, mientras conduce. Nos lleva y nos trae de un sin fin de recuerdos y adivinanzas, y se detiene azarosamente, donde quiere. ¿Dónde quiere quién? "-¡Ah! No todo es humano, pequeña niña inocente"- quien quiera que sea ese quién que es qué, responde, desde dentro de un cubilete donde se agitan los dados, mientras una niña de siete años, agita sus manos en el aire como un truco especial, un hada mágica y minúscula, con uñas nacaradas y rubor de rubí, y por sobretodo: ...