La flor del caos
El más duro relato es el que no se puede contar. Un cofre lo contiene bajo llave, en el barro de un pantano. Mi nombre es de luz, y mi apellido de tierra, y el María –en sombra- me bendice. Uno lo contiene todo dentro, y olvida. Luego lo encuentra afuera, y se sorprende. ¿Y el cofre? Ah, sí, el cofre es imprescindible en esta historia. Contiene los secretos, guardados bajo tierra y, flor de pantano que soy, es mi destino desenterrarlos, para más tarde brillar en pétalos. El fruto es la flor y el canto siempre el mismo: cuánto más desciendo más asciendo en los caminos. Desentierro entonces. El fin de año estaba cerca, con esa cercanía imprecisa que coincide con la constelación de las profundidades, que hornea lo que se ha amasado en forma de destino y desenrolla un largo hilo guardado en un minúsculo rincón, oculto. Enrollado, qué pequeño aparecía. Estirado, lo ven, lo ocupa todo. Es esto lo que ha ocurrido una vez más: un ovillo de oro se ha desenredado dentro de un...